Contratos inteligentes: el futuro está cerca

La era de la digitalización sigue en constante avance. Eso de que, en un futuro no muy lejano, realizaremos todas nuestras operaciones a través de los dispositivos digitales, cada día se hace más real y, un ejemplo de ello, son los llamados contratos inteligentes (o smart contracts).

 

Los smart contracts tienen como finalidad, eliminar la burocracia y los intermediarios que existen en los contratos convencionales, evitando eso de las temibles “letras pequeñas” y reduciendo todos los costes que se puedan generar para los consumidores.

Por lo tanto, lo primero que debes saber, es que los contratos inteligentes son códigos informáticos (scripts) escritos en lenguaje de programación que son capaces de ejecutarse y hacerse cumplir por sí mismos y que funcionan gracias a la tecnología blockchain, lo que los hace completamente claros, incorruptibles y transparentes.

 

Diferencias con los contratos tradicionales

Los contratos, tal como los conocemos hoy en día, son documentos legales que definen las cláusulas de un acuerdo entre dos o más personas, sean físicas o morales. Dichos contratos requieren de tiempo para realizarse, aprobarse, legalizarse y firmarse, actos que representan burocracia y no hacen más que aumentar los costes y, a veces, hasta engañar a muchos.

Por su parte, los smart contracts pueden ser creados por personas, pero también por máquinas que funcionan de forma autónoma y, debido a que son códigos incambiables y visibles por todos, tienen plena validez y no requieren de autoridades ni mediadores.

 

Aplicabilidad

Desde el año 1995 se viene hablando de este tipo de contratos, pero no fue sino hasta el 2009, que se pudo tener la posibilidad real de comenzar a desarrollarlos, gracias a la aparición del Bitcoin y su tecnología, la cadena de bloques (o blockchain).

En la actualidad, países como Estados Unidos ya están aplicando este tipo de mecanismos. Ambas partes se benefician por igual, por lo que, si una de ellas lo incumple, la otra hace que se ejecute la sanción respectiva, sin necesidad de ir a juicio.

Por ejemplo: si una persona compra un coche a crédito y, por alguna razón deja de pagar las cuotas correspondientes, el contrato transmite una orden de bloqueo al vehículo a través de Internet, lo que significa que, a menos que se paguen las cuotas vencidas, el beneficiario no podrá hacer uso del coche, así de simple. Sin intermediarios, sin costes y sin juicios.

 

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